A veces, cuando la agenda me lo permite y la prisa no me acompaña ese día, me gusta recorrer los "green roads" de Cabra cómo yo les llamo, sendas que conectan la población de Este a Oeste. El Juzgado fue construido hace ya un lustro en la zona más nueva, junto al Hospital Comarcal Infanta Margarita. Las huertas (no todas, claro) resistieron a la época de los especuladores inmobiliarios y siguen enclavadas en el centro del plano de la ciudad, rodeadas de calles y edificaciones, cómo un oasis verde y soleado en medio del desierto gris y polvoriento de cemento. En este año de lluvia, y ahora con la llegada del buen tiempo, al sonido del discurrir del agua por las acequias se une los trinos de pajarillos y los vuelos kamikazes de abejorros y mosquitos.
A Juanra Pérez, concejal de Urbanismo, le sugerí hace ya un tiempo que dotaran estas sendas para convertirlas en carriles-bici, pero cada cosa lleva su tiempo y hay otras prioridades más necesarias. Lo que si es verdad es que se debería apostar por una ciudad verde, y la nuestra podría serlo porque tiene mucha potencialidad. Lo primordial es que los ciudadanos fuéramos conscientes de que se gana calidad de vida, que utilizar la bici o dejar el coche en la cochera es ahorrar en desplazamientos innecesarios, evitar enojos cuando no puedes aparcar justo al lado de donde esta tu destino y a cambio, sólo desgastamos suela de zapato o rueda ejercitando el motor de nuestro cuerpo, el corazón. Realmente, ¿que son 20 minutos para desplazarte de un punto a otro?
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